Este post es un post personal en el que te voy a contar que acabo de despedir a mi jefe. Un lunes a primera hora decidí dejar mi puesto como consultor tecnológico en el que llevaba más de 11 años trabajando.

Según lo estas leyendo puede que pienses: a Ignacio se le fue la pinza. Aunque tengo un punto de locura, esto para nada ha sido una decisión loca y sin meditar. Ha primado la cordura, la razón de no conformarme con un trabajo que no me apasiona y que no disfruto haciendo.

Pero como puedes imaginar, no fue algo que sucediera de la noche a la mañana. Todo llevó su proceso. Y hoy te quiero contar como lo he vivido hasta llegar a decir: “aquí está mi carta de dimisión, dejo el trabajo”.

Cómo decidí que despedir a mi jefe era lo mejor para mi

Fue un proceso de varios años. Que te voy a relatar:

  1. Darme cuenta que algo fallaba en mi vida
  2. No conformarme con esa situación
  3. Comenzar a tomar acción
  4. Entrar en la Escuela Nómada Digital (END)
  5. Definir mi misión en la vida
  6. Sacar tiempo para dedicar a mi nuevo proyecto. El año de los dos trabajos.
  7. El día que decidí despedir a mi jefe

Darme cuenta de que algo fallaba en mi vida

«Todo en la vida se aprende de dos formas: por sufrimiento o por discernimiento».

Antonio Blay

Lo normal es optar por la primera vía. Yo no fui diferente. Comencé con una depresión.

Aunque tenía trabajo fijo, casa, mujer, familia que me quería y podía permitirme algunos lujos llegaba del trabajo y me apetecía llorar. No tenía ilusión por vivir. Mis días eran tristes. Me preguntaba: si tienes todo para ser feliz, ¿por qué no lo eres? No entendía nada.

La montaña era mi vía de escape, esperaba que llegara el fin de semana para escapar. Marchar lejos y sumergirme en la naturaleza para alejarme de lo que no me gustaba.

La montaña, mi vía de escape.

Cuando estaba en la montaña, todo cambiaba. Por unas horas recuperaba energía, me sentía vivo y rebrotaba la alegría.

Me di cuenta de que lo que fallaba en mi vida era el trabajo que realizaba. Me consumía. Estaba deseando que llegara el fin de semana o las vacaciones para disfrutar de la vida.

Es muy triste trabajar 11 meses a disgusto para tan solo 1 mes disfrutar de lo único que tenemos que no se recupera: el tiempo.

Puede que todavía creas que el trabajo es algo que ha de costar, que se ha de sufrir por ello. Si no fuera así ¿por qué te iban a pagar?

Hoy en día lo considero una creencia limitante, una excusa para seguir quejándose y no tomando responsabilidad sobre el cauce de nuestras vidas. Hay muchas personas que vivimos de otra manera. Trabajando en lo que nos gusta y para cumplir nuestra misión.

Es la era de los trabajos con propósito. No es lo mismo levantarte para ir a trabajar, que levantarte para cumplir tu misión. Lo segundo mola más.  

“Tu trabajo va a ocupar una gran parte de tu vida y la única forma de estar verdaderamente satisfecho es hacer lo que crees que es un gran trabajo. La única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que haces. Si no lo has encontrado aún, sigue buscando. No te conformes”.

Steve Jobs.

No conformarme

El día de decidí despedir a mi jefe. Conformarse no es una opción.

Podría haberme resignado a que la vida es así, que no hay otra alternativa. El trabajo tiene que costar y es lo que hay (¡dios que frase más limitante!).

Mirando a mi alrededor es lo más habitual. Ver a personas que están deseando quedar de vacaciones, que llegue el fin de semana porque están hasta las narices del trabajo.

Pero, tuve la suerte de que vivo con alguien a la que despidieron del trabajo de un día para otro.

Todo era normal: un trabajo fijo en la que estaba mal valorada y en el que no era feliz. Pero fue muy afortunada de que le dieran la carta de despido y en 15 días en la calle.

En un primer momento, todo pareció ser una mala noticia. Aunque realmente fue una auténtica bendición, una señal divina, algo que hizo que nos cambiara el chip.

Nos dimos cuenta de que por muy indefinido que estés, en cualquier momento puedes terminar en la cola del paro. Pero de lo más importante, tardamos unos meses en darnos cuenta cuando comenzó con su nuevo trabajo como autónoma.

La posibilidad de dar todo lo que ella podía en beneficio del paciente, de la manera en la que ella quería y siendo valorado su trabajo. Hizo que su trabajo diera un giro de 180º y su vida también.

Esto me hizo pensar que no me tenía que conformar, otra forma de trabajar era posible y tenía que encontrar la manera.

No obstante, en esta fase me pasé unos cuantos años. Podría haber actuado antes, pero todo llega en el momento que ha de llegar.

“Ayer fue el mejor día para hacerlo, pero hoy es el segundo mejor”.

Comenzar a tomar acción

Con el paso de los años, aunque por momentos parecía que la situación mejoraba. Volvía a empeorar. No salía del bucle, aunque intentaba hacer cosas nuevas. Siempre terminaba igual: sin motivación.

Mi punto de inflexión fue acudir al seminario “Vivir Sin Jefe” de Sergio Fernández y sus conferencias. Durante un mes, me bombardeé la cabeza con sus conferencias y me comprometí conmigo mismo a formarme en desarrollo personal.

El día de decidí despedir a mi jefe. Rompiendo miedos en el seminario vivir sin jefe

Comprendí por fin que otra manera de vivir era posible. Y todo eso en lo que había sentido rechazo como es la espiritualidad o el desarrollo personal, era algo que me podía ayudar a recuperar la ilusión por vivir.

No obstante, mi situación de confort todavía no había sido superada por mis ganas de vivir. Y por eso la vida me envió otra señal: me rompí un dedo del pie.

Me ayudó a comprender que hasta lo más pequeño de nuestro cuerpo tiene una función fundamental y la situación actual puede cambiar de un momento a otro. Con un simple salto te puedes pasar 6 meses en muletas y sin poder casi caminar.

El día de decidí despedir a mi jefe. Mi radiografía del dedo roto del pie.

Mi vía de escape, el deporte se cerró. Fueron meses de reflexión, leer y darme cuenta de que era el momento de dejar de pensar y comenzar a actuar.

Me asaltaron muchas dudas. ¿Por dónde empiezo? ¿Qué hago?

Decidí que para salir de la situación en la que me encontraba lo mejor era contar con la ayuda de alguien. En ese momento comencé a buscar un mentor, alguien que estuviera viviendo de su pasión y que estuviera dispuesto a ayudarme.

Aquí es cuando descubrí a Antonio G. Me apunté a un training gratuito que organizó justo hace un año. Y tomé mi primera acción importante. Entrar en su programa de formación online, la Escuela Nómada Digital (END).

Desde ese momento todo cambió. Dejé de dar palos de ciego y empecé a construir desde los cimientos a qué me quería dedicar.

La Escuela Nómada Digital (END)

Te voy a contar qué es esto de la END. Es un programa formativo online con todo lo necesario para crear un negocio digital con propósito.

Comienzas por las bases, analizándote, observarte e indagando en lo que realmente te gusta y de lo que podrías vivir.

Con la Escuela Nómada Digital (END) descubrí mi sueño, mi misión y mis valores. Además, de todo el apoyo y formación para crear un proyecto con propósito y que puedas vivir de él.

Otra cosa que me ha ayudado mucho de la END es su comunidad, entre todos los ENDers nos apoyamos, tenemos muchas cosas en común, un montón de ilusión y muchas ganas de cambiar el mundo. Estar rodeado de gente que te apoya, te entiende y que en algunos casos ya pasó por donde tú te allana mucho el camino.

Como puedes leer, me faltan palabras para agradecer a Antonio G. que haya creado esta escuela que ha cambiado mi vida y la de otras tantas personas.

Mi misión en la vida

Ayudar a otras personas a diseñar su estilo de vida para mantenerse saludables y reducir su impacto ambiental mediante el poder de los hábitos.

Como te decía en la END trabajé para descubrir qué me apasionaba y qué podía aportar yo al mundo.

Cada uno de nosotros somos únicos. No hay dos iguales. Cada uno podemos aportar mucho y todos hemos venido con un propósito.

¿Crees que tú no? Puede que todavía no lo hayas descubierto o que no te lo hayas planteado. Pero TODOS tenemos uno. Tú no has sido excluido.

El año de los dos trabajos

Desde octubre de 2018 que entré en la END llevo trabajando en dos cosas.

Por un lado, el trabajo nutricional como ingeniero (ese trabajo que si te toca la lotería no vas ni a coger el finiquito) y en mi misión (ese trabajo que, aunque sea domingo te levantas a las 6 de la mañana con ganas de trabajar).

Durante este año cree mi isla de libertad, organicé mi horario para sacar 10 horas a la semana para cumplir mi misión. Aunque como es algo con lo que disfruto, siempre termino dedicado más tiempo y tengo que ponerme la alarma para no descuidar otras cosas.

Durante este año, no me levantaba para ir a trabajar, me levantaba para cumplir una misión. Y cuando te levantas con una misión, la actitud ante la vida es muy diferente.

Gracias a la END, el tiempo dedicado al proyecto fue muy productivo. Me he centrado en lo importante y no he perdido el tiempo en buscar y rebuscar. He estado enfocado en lo importante.

El 30 de mayo, salió a la luz Inteligencia ECO. Y desde entonces comencé a disfrutar más y a querer hacer más. Pero el tiempo como sabes es limitado y dedicar más de 40h a otro trabajo marca mucho la planificación semanal.

Ha llegado el día

El día de decidí despedir a mi jefe. Librándome del lastre.

Cada vez tengo más ganas, ilusión y disfruto más con Inteligencia ECO y quiero hacer más. Por eso la semana pasada he decidido librarme del trabajo nutricional y disponer de más tiempo para dedicar a mi misión.

Aunque llevaba todo este tiempo dedicado a Inteligencia ECO y estaba más que convencido de que era lo que quería en mi vida. El paso final fue difícil. Tenía una gran cantidad de inercia acumulada. Llevaba más de 11 años en ese trabajo, rodeado de amigos y con sueldo fijo.

Ya lo decía Newton con su 1ª ley de la inercia: «Todo cuerpo permanecerá en reposo o con un movimiento rectilíneo uniforme a no ser que una fuerza actúe sobre él«

Solo se vive una vez y se que me hubiera arrepentido de no hacer algo por miedo a salir de la zona de confort.

En la decisión, me he sentido muy arropado por mi pareja y mis padres. Al final ha sido más difícil decidir cuándo dar el paso que darlo.

Qué va a pasar ahora

Ahora me voy a dedicar al 100% a Inteligencia ECO, quiero trabajar con todas mis ganas y energía para darte lo mejor de mi y cumplir mi misión.

Mi objetivo es ayudar a muchas personas para que recuperen la salud que los malos hábitos les han quitado y aprendan a llevar un estilo de vida más sostenible.

He dejado de trabajar por dinero a trabajar por pasión. Salirse de lo establecido y de lo “correcto” para luchar por dejar legado y que mi paso por este mundo no sea en vano.

¿Estás en la misma situación?

Quizás estés como yo hace unos meses o años y te hayas sentido identificadx.

No quiero que pienses que es fácil, que no requiere dedicación, constancia y priorizar tus tareas. Pero imagínate por un minuto lo que sería trabajar en eso que te apasiona, con tus horarios, tus reglas y ganando lo suficiente para vivir.

Por experiencia se que, con la ayuda necesaria, puedes encontrar tu misión y llevar tu vida al siguiente nivel.

Llegado a este punto como en la película de Matrix tu decides:

  • Elegir la pastilla azul: pensar que estoy majara y que esto que te cuento no es para ti. Con lo que lo olvidarás y seguirás con tu vida de siempre.
  • Elegir la pastilla roja: no resignarte a la vida que llevas y tomar acción para cambiar tu vida.

Solo tú puedes elegir tu futuro.

Recuerda que los cambios siempre dan miedo, pero son lo que nos hacen evolucionar y crecer.

¡Salud y sostenibilidad!

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