¿Eres de los que utilizas el lavavajillas para fregar los platos? Huyes del estropajo y prefieres dedicar tu tiempo a otras cosas. ¿Sí? Pues cuidado con seguir leyendo este post.

He de confesar que yo también pasé por esa etapa, pero el minimalismo me hizo replantearme las cosas. Pero no nos adelantemos, vamos a empezar por el principio.

Mis inicios con el lavavajillas

Cuando me fui a vivir con mi pareja, en nuestro primer piso de alquiler no teníamos lavavajillas. Ella, estaba acostumbrada a la comodidad de “tirar” los platos dentro, dar a un botón y listo. Yo en cambio, no sabía muy bien lo que era eso.

Hasta que no nos fuimos a nuestra vivienda actual no supe lo que era. Después de comprarlo, durante varios años lo estuvimos usándolo. La inmediatez de tener los platos «recogidos» sin «hacer» nada resulta muy tentadora.

La cosa comenzó a cambiar cuando empezamos a buscar de qué manera llevar una vida más sencilla y respetuosa con el medio ambiente.

El primer cambio fue pasarnos a pastillas de lavado más ecológicas. Te habrá pasado que cuando sacas los platos del lavavajillas huelen al detergente usado y en ocasiones hasta la comida coge el sabor. Por ese motivo, empezamos a usar pastillas basadas en bicarbonato de la marca Frogi.

No obstante, llegó un momento en el que decidimos ir más allá y dejar en la cocina sólo lo que necesitábamos. El objetivo era sacar todo lo que no aportaba, ocupaba espacio y restaba claridad. En definitiva: minimalismo.

Tener sólo lo que necesitas requiere de constancia, es muy fácil volver a llenar los armario de cosas que no necesitas. Es un proceso continuo, en el que hay que saber adaptarse a los cambios. Durante toda la vida no vamos a necesitar lo mismo.

Minimizando la cocina

Nos deshicimos de sartenes con tóxicos, planchas con teflón y finalmente nos quedamos con tres ollas de acero inoxidables y dos cazos.

De los platos, dejamos los dos que más nos gustan. Así, en todas las comidas disfrutamos el plato que más nos gusta. Puede parecer una tontería, pero son pequeños detalles que suman en tu estado de ánimo.

Con el resto de platos los guardamos fuera de la cocina para sacarlos cuando se necesitan.

Hicimos lo mismo con lo vasos y nos quedamos con dos.

Y así fuimos revisando, en pareja, cada una de las cosas. Cuando convives con otra persona, ambas han de estar agusto con lo que se tiene. La cocina es un lugar compartido y que resulta importante estar agusto en ella.

Tras este proceso de minimizar la cocina, fue cuando nos dimos cuenta que el lavavajillas funciona muy bien cuando tienes muchas cosas que fregar. En cambio, si sólo tienes dos platos, o comes de la olla directamente o volver a fregar a mano es la solución.

Al principio, la vuelta se me hizo un poco dura. Acostumbrado a lo inmediato, tener que volver a fregar a mano, me resultaba muy pesado.

Luego me acostumbre y no me importaba, lo hacía sin más.

Hasta tan sólo que hace unas semanas, me cambio el chip y comencé a disfrutar de fregar los platos. Oh mamma! Pensarás que se me ha ido la «olla» 😉

Lo que lo cambió todo

Tenía delante de mí un montón de cosas por fregar: la procesadora de alimentos, platos, cubiertos, el colador, las 3 ollas, los 2 cazos. Creo no quedaba nada en los armarios. Estaba todo por fregar. Había sido una tarde loca en la cocina.

“Un camino de mil millas se comienza con un paso”

Lao Tsé

En ese momento, me acordé de la frase de Lao Tsé: “Un camino de mil millas se comienza con un paso”. Y con esa mentalidad me puse al lío. Hice el símil entre fregar y cualquier objetivo en la vida a largo plazo. Cada cubierto, cada vaso, era una tarea que estaba completando hasta llegar a mi objetivo: tener la cocina limpia y ordenada.

Durante el tiempo que me pasé fregando, estuve presente. Limpiando cada cosa con esmero y fijándome en lo que estaba haciendo. La mente no iba y venía del pasado al futuro. Mente y cuerpo estábamos en el aquí y en el ahora.

Disfruté el momento tanto, que ya no he vuelto a fregar de la misma manera.

El lavavajillas nos aleja de la realidad

Después de esa experiencia fregando la «montaña de platos”. Reflexioné sobre lo que supone el lavavajillas.

Es un electrodoméstico que nos aleja de las cosas. Nos aleja de lo que realmente es vivir y nos da placer inmediato. Algo que nos encanta y por eso nos resulta tan fácil procrastinar.

Entre algo que podemos hacer que nos da placer ahora: mirar el teléfono a ver si tenemos alguna notificación nueva. O Algo que nos dará resultados al largo plazo: leer un libro. Es más fácil terminar mirando el teléfono que leyendo.

En este sentido, creo que el lavavajillas, como otras cosas que hoy consideramos “imprescindibles”, nos están haciendo mucho mal. Fomenta que llenemos nuestra cocina de utensilios que no necesitamos. Dándonos a entender que fregar los platos ya no será un problema, un aparato hará el trabajo sucio por nosotros.

En definitiva, perdemos claridad a costa de acumular y comprar.

No es más limpio el que mucho limpia, sino el que poco mancha

Es una frase que me acompaña desde pequeño y quizás por ella me gusta ser eficiente.

Lo que hace que fregar no sea una tarea que me lleve 20 minutos es la forma en la que cocino. Me gusta utilizar los mínimos utensilios posibles.

Mientras cocino aplico la regla del uno: sólo sacar una cosa de cada. Si necesito utilizar la cuchara de nuevo, la limpio y la utilizo.

Otra cosa que ayuda a no tener mucho que fregar es minimizar los objetos que tenemos en la cocina.

«Nunca vas a fregar algo que no tienes.»

inteligenciaeco.com

Me gustaría aclarar que sigo teniendo el lavavajillas en la cocina, por el lío que sería quitarlo. Y también decir que lo sigo utilizando muy de vez en cuando, creo que en lo que va de año han sido tres veces.

Hoy si tuviera que elegir, me ahorraría el dinero y el espacio que ocupa en la cocina. No obstante, ya visualizo mi cocina sin él, por lo que llegará el día en el que desaparezca.

¿Te atreves a fregar la próxima vez tus platos a mano?

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